Ctra. Jerez - Sanlúcar desvío Las Tablas Km 1,5


          Como Agua de Mayo...

Que algo venga “como agua de mayo”, es una de las muchas expresiones que la sociedad ha ido “tomando prestadas” al vino, como el eterno “hacedor de cultura” que siempre ha sido. La aportación del mundo vitícola a la civilización Occidental y a la cultura en general, es infinita. Y en este año, en el que por razones obvias “nada será mejor de lo que se esperaba”, resulta que el campo y la viña siguen dándonos alegrías, porque la naturaleza vuelve a demostrarnos, que es “ella” la que manda en nuestra vida. Y no al revés… 

La trilogía mediterránea de vides, olivos y cereales, como base de la productividad del campo, es milenaria en Jerez. Naturalmente, como todo lo clásico, se consolidó con la dominación romana que aprovechaba lo autóctono de cada lugar, aunque muchos, todavía se empeñen en defender las ventajas del regadío que efectivamente, implantaron los árabes, pero que no siempre funciona bien con todos los cultivos, ni en todos los suelos. 

La agricultura histórica de nuestra zona jamás necesitó del regadío, aunque sí de la lluvia. Por eso el vino, el pan y el aceite de oliva, nunca faltaron en Jerez. Muchos cultivos no autóctonos, sin embargo, han fracasado -en estas albarizas infinitas que se pierden en el horizonte junto mar-, al salirse de las normas dictadas por la naturaleza. Y por algo será…

Pero cuando llueve en mayo, especialmente las vides, se ayudan de un último e inesperado aporte de humedad, que favorece una maduración abundante, sin perder en ningún momento calidad y optimizando el nivel de acidez. 

Pues bien, este año en Jerez “está lloviendo de manual”. No podía mandarnos el cielo mejor regalo que estas torrenciales lluvias de mayo. Si nuestro paisano, Lucio Moderato Columela -que en año 42 d.C. escribió en nuestra zona el Manual de Viticultura más antiguo de España-, estuviese contemplando este auténtico diluvio, brindaría al grito de “hoc bene est” y posiblemente terminaría ebrio de felicidad.

Los viticultores, no nos alegramos de lo que ocurre a corto plazo, sino de aquello que sabemos que con el paso de los meses o de los años será bueno para quien con amor y deleite descorche una de nuestras botellas, buscando el placer que atesora. Y estas lluvias inesperadas, pero convertidas en granos de uva, puede dar mucho placer y felicidad dentro de diez o quince años, cuando nadie se acuerde de lo que sucedió en la primavera de 2020. Cuando cese la tormenta y el Sol vuelva a brillar. Cuando hayamos olvidado que estas “aguas de mayo”, mejoraron las deliciosas sensaciones contenidas en nuestra copa de vino.

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